He estado un tiempo sin poder escribir nada nuevo en el blog, unas veces por falta de inspiración, otras por falta de tiempo, y en ocasiones por ambas cosas.... Definitivamente creo que el contenido de mis entradas queda englobado en la categoría de “anécdotas varias”, al menos por el momento, así que aquí queda ésta, que parece sacada de una película de Woody Allen (a quien admiro muchísimo, dicho sea de paso)....

Nuestras caras eran un poema, pero lo peor aún estaba por llegar, puesto que, al intentar abrir la puerta de salida, nos dimos cuenta de que estaba cerrada ya, pues que el proceso de incineración había comenzado.... ¡Qué situación más absurda! Mi edad por aquella época hacía que no tuviera demasiada madurez, por lo que lo peor en aquellos instantes fue intentar contener la risa: era consciente de que la situación era algo macabra, pero no podía evitar reírme, y... ¡qué narices! ya me gustaría a mí ver a cuántos no se les saltaban las lágrimas de risa en un momento así.... Si aquello era de película, por favor.... Es lo típico que te ocurre de vez en cuando y piensas, ¿cómo demonios he llegado yo a esta situación? o ¿dónde está la cámara? o ¿quién me manda ir acelerada y no fijarme, y acabar en un berenjenal así, si esto sólo pasa en las películas?
Todavía fue peor cuando nos tocó dar el pésame a la salida a los familiares de un total desconocido, pues ya que estábamos allí, nos dio vergüenza no seguir con todo el asunto (es como lo de colarse en una boda que sale en las películas, y aparentar que eres invitado de alguno de los que se casan), y peor aún fue cuando nos dimos cuenta de que la incineración a la que realmente íbamos ya se había terminado, y mucho peor fue el regreso a la oficina y el contarlo a los compañeros: fuimos la risión generalizada en la oficina durante mucho, pero que mucho tiempo.... Y, obviamente, no nos volvieron a elegir jamás como delegación para eventos de este tipo, lo cual no me sorprende en absoluto.
¡ Feliz fin de semana a tod@s!